GESTIÓN DEL ERROR (VIII): TRATAMIENTO DEL IMPACTO EMOCIONAL TRAS EL ERROR

En DeporteCienPorCien lanzamos una serie de artículos relacionados con la gestión del error en el deporte, con un especial enfoque en el balonmano. Se trata de un modelo que propone el psicólogo David Sierra, que puedes leer completo aquí, con ocho pilares que vamos a explorar durante las próximas semanas. A raíz de la conferencia ‘Gestión Emocional del Error en el Deporte’, organizada por We Share Handball en 2018, Sierra recoge las ideas allí expuestas y la experiencia del Instituto Innova acompañando equipos y profesionales en contextos de complejidad. Así, recupera y profundiza en esta cuestión para ofrecer una reflexión que estimule repensar los esquemas convencionales de entrenamiento, con sus límites y potencialidades y, si cabe, enriquecer las líneas de actuación para deportistas y equipos.

David Sierra es Licenciado en Psicología y Consultor especializado en psicodinámica de grupos y desarrollo de equipos de alto rendimiento. Tiene un Postgrado en RRHH y Consultoría de Procesos. MIT Sloan Business Process Design for Strategic Management Program. Es Coordinador del Área de Rendimiento Deportivo del Instituto Innova. Autor de varios artículos especializados sobre equipos y sistemas de trabajo. Es asesor en el rol de liderazgo. Además, es parte del staff consultor del Seminario Internacional “Liderazgo, Innovación y Poder” del Instituto Innova.


Foto: Pascal Le Segretain/Getty Images

Álvaro de Arriba, atleta especializado en 800m, vivió una gran frustración tras los Europeos de Berlín 2018, recordándolo como “aquel día tenía las piernas, pero la cabeza no me daba”. Tras esta experiencia se puso en manos de diversos profesionales, tomando conciencia de la importancia de este tipo de trabajo y logra, al año siguiente, su primer oro continental en los Europeos Indoor de Glasgow. Casos similares, con los que había colaborado directamente el Dr. Viadé fueron el atleta Valentí Massana que, tras su descalificación en la prueba de los 20 km de marcha en los JJOO de Barcelona’92 y tras un intenso trabajo, logra al año siguiente la medalla de oro en el campeonato del mundo de Stuggart’93; o Blanca Fernández Ochoa que, tras una caída durísima en los JJOO de Calgary’88, admitía en aquel entonces que “yo me veía que estaba bien físicamente, pero me faltaba algo” y, cuatro años después, se convierte en la primera esquiadora española en ganar un medalla en los JJOO de Albertville’92.

Y, seguramente, encontraríamos otros ejemplos donde un contratiempo inesperado y desfavorable se convierte en acicate para un salto cualitativo en los métodos de preparación y su rendimiento. Pero también es probable que existan muchos otros que no salen a la luz y que, después de un suceso similar, perecen en el intento sin que la herida llegue a cicatrizar.

La ansiedad generada ante el error o la derrota imprevista se dilata cuando se le añade un ingrediente: la rumiación. En términos alimentarios sucede cuando se regurgitan del estómago los alimentos no digeridos de manera repetida e involuntaria, se mastican de nuevo y luego se vuelven a deglutir o escupir. Ocurre lo mismo con las emociones: se revisitan las escenas de error de forma obsesiva, realimentando las emociones negativas, minando la autoconfianza, activando los pensamientos destructivos, desviando la atención de la acción presente, poniendo energía en lo que queremos evitar y, así, aumentando la probabilidad de volver a repetir. Cuando se rumia, apunta el profesor Nicholas Petrie, “la atención queda prisionera de loops improductivos”, cual hámster en una rueda.

En nuestra experiencia observamos que el primer paso para iniciar el proceso de digestión y recuperación consiste en reconocer y compartir el impacto emocional en toda su amplitud, dando espacio a convivir con la frustración, aceptar los hechos y permitir el duelo. Como apunta nuestro colega Joan Roma, “es preferible tener pequeñas depresiones para evitar la gran depresión posterior, siendo estas el sustrato abonado para aprender y generar nuevas narrativas”.

Por tanto, no se trata simplemente de aceptar lo inevitable sino de conectar con las fuerzas internas para el siguiente reto. Sabemos que esto no es fácil, porque en nuestra cultura se tiende a desincentivar la expresión de emociones negativas, que son interpretadas como signos de debilidad. Imaginemos un equipo de futbol que ha perdido un partido importante ante un rival directo. Sería recomendable, aunque poco practicado, que posteriormente al encuentro, se dedique un tiempo para que los diferentes jugadores/as puedan expresar sus emociones, reconocer las dificultades, dirimir las tensiones, revisitar las jugadas erróneas, interrogarse sobre los momentos inexplicables, corregir errores, etc. Pero también que exista espacio para recordar los aciertos, reconocer las acciones bien ejecutadas, las tácticas cumplidas, etc. Es decir, aunar y procesar el estado conjunto y evitar que algunos/as deportistas sobrecarguen y se especialicen en emociones nocivas y contraproducentes.

Existen diversas metodologías para facilitar estos espacios conversacionales. La que utilizamos en el Instituto Innova (Exploración del Estado del Sistema) se rige por principios metodológicos rigurosos como, por ejemplo, la suspensión del juicio y la crítica, la escucha activa, la libertad para expresar lo que se siente en cada momento, el respeto mutuo y la ausencia de conclusiones. El principal impedimento para que el entrenador/a inicie este tipo de diálogos (‘abrir el melón’) es el temor a una catarsis incontrolable o un potencial conflicto. En esta línea, un artículo interesante sobre la gestión del conflicto en estas reuniones es el de Liane Davey que, aunque trata de equipos organizativos, es aplicable también al entorno deportivo.

En cualquier caso, es cierto que el/la entrenador/a siempre cuenta con la alternativa de proporcionar un mensaje unívoco y contundente que, aunque desatienda a las diferentes sensibilidades de sus jugadores/as, le permita apaciguar su propia ansiedad. Pero no es menos cierto que el simple deseo de superar la derrota poniendo el foco en el siguiente partido, con un sermón optimista y consolador, sea como llover sobre mojado en lo referente al acompañamiento de la gestión emocional de sus jugadores/as.

Reproduciendo las palabras (quizás apócrifas) de la filósofa francesa Simone Weil: “si queréis saber cómo es realmente un hombre, mirad cómo se comporta cuando pierde dinero”. De igual manera, si queremos saber cómo es realmente un/a deportista, equipo o entrenador/a tenemos que mirar cómo reaccionan ante el error.

Esta es la última entrega que se desgrana de los pilares de este modelo propuesto por el psicólogo David Sierra. Se trata de puntos que no representan una técnica o método aislado, sino que ilustran una faceta del conjunto como modelo integral. Estas son las entradas que puedes leer:


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1 respuesta

  1. 15/08/2020 - 8: 49

    […] VIII. Tratamiento del impacto emocional tras el error […]

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