NUEVE AÑOS DE ORGULLO EN FEMENINO

Hace poco menos de dos años las mujeres decidimos alzar de nuevo nuestra voz. Centenares de miles de mujeres de todo el mundo salimos a la calle para reivindicarnos y teñimos nuestras ciudades del color de la ambición y aires de esperanza. Cada vez somos más las que confesamos nuestras angustias más recónditas, las que denunciamos las injusticias, las que reclamamos algo tan simple como la igualdad de trato. Las mujeres cada vez tenemos más voz, más visibilidad e, incluso, quizás también tenemos más poder.

Foto: bulipest.hu (Pinterest)

El feminismo también está de moda. Cada vez hay más libros sobre el tema, más películas y series con personajes femeninos protagonistas, más empresas que se suman a la reivindicación y muchas marcas que apuestan por mensajes feministas en sus camisetas -sí, para aumentar sus beneficios-. Y es que, hace cinco años, decir que eras feminista sonaba raro para algunos, cuando ahora el raro es el que no es feminista. Se trata de un terreno nuevo, un concepto que pese a ser antiguo hoy tiene otra dimensión. Teóricos e investigadores están exprimiendo su conocimiento por intentar explicar qué está sucediendo.

Foto: Jonathan Ferre (Getty Images)

Pero no para todo el mundo es algo nuevo. Hace nueve años, Vicente Soler decidió apostar por el deporte femenino cuando todavía nadie lo hacía, cuando no estaba de moda, y con los años nos hemos ido sumando algún que otro loco más. Son nueve años de pasión por un deporte y una profesión, de entrevistas y crónicas, de reportajes y estadísticas, de victorias y derrotas, de campeonatos y trofeos. Son nueve años de pura dedicación, de recompensas puramente emocionales, de sudor y de alegría, de descubrimientos y decepciones. Son nueve años de crecimiento, de aprendizaje, de picar piedra, de convertirnos en referentes. Pero, sobre todo, son nueve años de orgullo por nuestra profesión, por denunciar injusticias, por dar voz a quienes no la tienen, por enfatizar los triunfos y las derrotas de aquellas que se dejan la piel en el 40×20.

Foto: Attila Kisbenedek (AFP)

Debo confesar que este orgullo es cada vez mayor, probablemente por la distancia: desde que vivo en Dinamarca no hay ni un solo día que no nombre DeporteCienPorCien. Hablar con gente de Noruega, decirles que has entrevistado a Nora Mørk o Stine Oftedal y que alucinen. Nombrar a Carmen Martín en una conversación de sobremesa y que los daneses la admiren. Discutir con un rumano sobre el peso de Cristina Neagu en el CSM Bucuresti, o con un francés sobre el futuro de Amandine Leynaud. A veces hace falta distanciarte para valorar lo que tienes. Yo, hoy más que nunca, me siento orgullosa de pertenecer a la familia del balonmano femenino y de hacerlo a través de este medio de comunicación.

Porque no lo olviden: hace nueve años, cuando el deporte femenino apenas tenía voz, DeporteCienPorCien estaba allí. Y sí, me apetece gritarlo a los cuatro vientos.


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ANA MARTÍNEZ #SINFILTROSDEPORTECIENPORCIEN


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