Xabi Esteban dirige actualmente al equipo juvenil femenino del Handbol Gavà. Es entrenador nivel nacional, mastercoach y exseleccionador catalán, además ha entrenado en Sant Vicenç, Castelldefels, Sant Esteve Sesrovires,…

Cuando uno lee sobre deporte, en especial sobre deporte colectivo, se suele decir que es la figura de árbitro/a la más criticada y minusvalorada. Pero, ¿realmente es así? Qué se puede decir de la figura del entrenador/a. Y no solo del entrenador/a profesional, sino también del amateur. Si observamos cuál es el comportamiento de dicho actor en el deporte, como en todos los ámbitos de la vida y más en un colectivo tan amplio, seguramente encontraremos de todos los estilos y niveles. Realiza una función formativa, gestora, psicológica y un largo etcétera. Se forma constantemente y se actualiza. Ve y vive el deporte de forma apasionada. Pero se ha acabado convirtiendo en el foco donde mirar cuando los resultados deportivos no son los adecuados o la valoración por parte de familiares y amigos sobre las expectativas del deportista no cumplen con sus deseos.
Otra de las funciones de dicho/a entrenador/a, en otras muchas ocasiones es realizar la función de escudo para proteger a sus jugadores/as. Y qué decir de la ira de la afición rival. Se podría escribir un decálogo de improperios y descalificativos: Inútil, cabrón y de ahí en ascenso. No hablemos de las descalificaciones físicas. Todas ellas amparadas por el estrés competitivo, “la grada es soberana”. ¿Soberana de que? De animar y criticar si lo considera, pero nunca de descalificar ni denigrar. Esto último, en muchas ocasiones, se puede aplicar también con la afición local. A mí me pasa con los/as entrenadores/as como con los/as maestros/as. Si bien puedo tener conocimientos sobre la materia o nociones, no soy experto como para juzgar mal el trabajo que este realiza. Eso lo dejo para los responsables deportivos de dicho/a entrenador/a. Con esto no quiero decir que no se pueda juzgar el método o las formas y si es de forma constructiva sería lo ideal. Y cuando las cosas no van como deberían, derrotas, dinámicas o interacciones, este sufre el mal de «la soledad del entrenador/a”. Ensimismado, 24 horas pensando en cómo mejorar o solucionar el problema y, en la mayoría de los casos, sin respaldo ni apoyo Por eso, sin entrar en comparaciones pues no es la intención, la figura del entrenador es maltratada y minusvalorada. A pesar de todo, esto de entrenar es un placer a la vez que se convierte en una pseudodroga que no se puede dejar.
Entrenar es una bella locura.
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