ELI ARRECHEA: “QUIERO SER LA FISIO DE LAS GUERRERAS Y LOS HISPANOS”

Eli Arrechea (16/11/1987) forma parte de ese colectivo tan importante y a la vez tan olvidado en los medios de comunicación: es fisioterapeuta. Actualmente tiene su centro de fisioterapia en Burlada (Navarra), forma parte del cuerpo técnico del Helvetia Anaitasuna de Asobal y colabora con la RFEBM para acompañar a los combinados internacionales de secciones inferiores (como la selección femenino junior). Su pasión por el balonmano empezó desde pequeña y jugó en el Beti Onak hasta que una dura lesión la apartó del 40×20… Aunque no por mucho tiempo. Este contratiempo la empujó a descubrir más sobre nuestro deporte y a prevenir lesiones de otros deportistas. Aquí empezó a forjarse la historia de la fisioterapeuta Eli Arrechea, una mujer referente en esta disciplina y de la que, seguro, seguiremos oyendo hablar.

Foto: Edu Ágreda

Queremos conocerte mejor. ¿Por qué fisioterapeuta y por qué balonmano?

Pues las dos van un poco de la mano. En mi pueblo, Elizondo (Navarra), de toda la vida las chicas hemos jugado a balonmano y los chicos a fútbol o pelota vasca. Yo iba a ver jugar a mi tía y ahí me picó el gusanillo. A los años, nuestro profesor de Educación Física era el entrenador del equipo y nos propuso apuntarnos. Empecé con 11 años, un poco tarde, pero no había categorías menores por aquel entonces, ahora sí que hay equipos alevines. Y a los 16  años me lesioné de la dichosa rodilla, rotura del ligamento cruzado anterior y del menisco interno. Viví la fisioterapia en mis propias carnes y, a raíz de ello, sentí que quería ser fisioterapeuta y curar a la gente.

¿Qué es lo mejor de la fisioterapia?

Pregunta difícil. Para mí, la fisioterapia lo es todo, es mi pasión, me encanta mi profesión y creo que, por lo que dicen mis pacientes, que se me nota mucho. Hay una frase que me gusta mucho y pienso que la describe perfectamente: “la fisioterapia es aquella pasión de crear movimiento con la mente, con el cuerpo… Y fundamentalmente con el corazón”. Creo que en todo lo que hacemos es muy importante implicarse, trabajar y, por supuesto, hacerlo desde el corazón.  Pero puestos a decir algo, el poder curar a la gente y que te lo agradezcan con un simple “gracias” o con gestos, buff… Para mí eso es lo más gratificante.

Foto: Andrey Sapizhak

¿Cómo te ayuda el hecho de haber sido jugadora a tu trabajo?

Por suerte no he tenido muchas lesiones, quitando la de la rodilla, pero creo que el hecho de haber practicado deporte hace que tenga un buen conocimiento del cuerpo y de las lesiones que se producen en él. Pero bueno, sobre todo lo que ayuda es la experiencia y el aprender cada día con nuestros propios pacientes.

¿El trabajo de un fisioterapeuta es mucho más que físico? ¿Cómo se gestiona emocionalmente una lesión o un malestar?

Sí que lo es. Al final, piensa que una persona, cuando se lesiona, se ven implicadas las emociones. Pues se gestiona hablando y tranquilizando a la persona que tenemos delante. Soy una persona que empatiza mucho, siempre intento ponerme en la situación de la persona que estoy tratando e intento darle una visión positiva de lo que le está pasando, dentro de lo que se pueda. Pero creo que el ser positivos y realistas, por supuesto, ante la lesión hace que la evolución vaya quizás algo mejor. Hay que sacar lo positivo de lo negativo, ¡siempre!

¿Cómo llegaste al Anaitasuna?

Yo soy amiga y he jugado con Silvia Lima, que es la pareja de Carlos Chocarro, actual capitán y por aquel entonces también era uno de los capitanes junto con Miguel Goñi y Ricard Reig. Era Semana Santa y acababa de llegar a Elizondo cuando recibí una llamada de Carlos donde me comentaba que necesitaban urgentemente una fisioterapeuta para el Torneo de Semana Santa que se hace en la base del Anaitasuna. Fíjate que al principio hasta dudé y le dije que me lo tenía que pensar… ¡No sé por qué lo hice! [Risas] Pero al minuto le volví a llamar diciéndole que por supuesto. Iñaki Pérez era por aquel entonces el coordinador de toda la base del club y, después del torneo y de preguntar a los distintos entrenadores que participaron, le hablaron bien de mí, les gustó cómo trabajé y me ficharon para la siguiente temporada para ser la fisioterapeuta de toda la base (temporada 2014/2015). A los meses, me volvió a llamar para decirme que en el primer equipo necesitaban fisio y que llamara urgente para decirles que era la nueva fisio de la base y que me interesaba trabajar con ellos, y pues aquí sigo… [Risas]

Foto: EHF

Eres también la fisioterapeuta de las Guerreras en categorías inferiores. ¿Qué supone para ti estar en la RFEBM?

A día de hoy he estado con varias generaciones (promesas, juveniles, ‘Objetivo 2021’), y el año pasado estuve en el Europeo con la júnior. Para mí, el haber llegado a la RFEBM es un sueño cumplido y una recompensa al trabajo hecho. Estoy consiguiendo logros como fisioterapeuta que me hubiera encantado lograr como jugadora.

¿Cómo es una noche de trabajo tras un partido en un gran campeonato como un Europeo o un Mundial?

Mucho trabajo, al final, son muchos días seguidos de competición, de esfuerzo físico y mental. Mucho desgaste y es importante la recuperación. Muchas veces nos dan las tantas de la mañana pero, al final, nuestro trabajo es muy importante para ayudarles en su recuperación para que puedan rendir al máximo el próximo partido. Esto no se puede  separar de una buena alimentación y descanso.

La figura del fisioterapeuta está en la sombra, pero es vital. ¿Qué pasaría si una selección como la júnior viajara sin fisio?

Les daría un “mal”… [Risas] A esta generación júnior la conozco desde hace tiempo, fue mi primera selección, entonces la conozco muy bien y sé que nos necesita, porque son jugadoras que lo dan todo en la pista y nuestro trabajo, a pesar de estar en la sombra, se ve reflejado en ellas, en que rindan bien al día siguiente y el resto de días hasta que finalice el campeonato. Pero bueno, ellas y, por suerte, todos los equipos, creo que deberían tener un fisioterapeuta en sus cuerpos técnicos, el problema es que económicamente muchos no se lo pueden permitir.

Foto: J.L. Gorría

¿Hay diferencias en el tratamiento de fisioterapia a jugadores y a jugadoras?

Quizás tengas que hacer más fuerza a la hora de dar el masaje, pero las jugadoras que vienen están fuertes también. Puede que a la hora de manipularles sea un poco más costoso por la envergadura y al hacer los vendajes también se nota la diferencia en según qué zonas. Pero, por lo demás, no hay muchas diferencias.

Todavía hay pocas mujeres en los cuerpos técnicos de los equipos, especialmente en clubes masculinos, y los roles son, casi siempre, de fisioterapeuta o delegada. ¿A qué crees que se debe? ¿Cómo podría revertirse la situación?

Creo que, a pesar de estar en el siglo XXI, todavía en ciertos aspectos estamos un poco atrás como, por ejemplo, esto que me comentas. La verdad que si tuviera la pócima mágica para revertirlo, no dudes que la usaría pero, sinceramente, no sé qué es lo que se podría hacer…

Eres muy expresiva en los banquillos. ¿Cómo vive una fisioterapeuta un partido desde el banquillo? ¿Estás en tensión por si alguien se lesiona?

[Risas] Bastante, sí… El resto de fisioterapeutas no sé cómo lo viven, yo lo vivo muy intensamente. Cuando jugaba no me gustaba perder ni a las canicas. Soy muy competitiva y tengo mucha ambición y ahora, que lo veo desde el otro lado, sigo siendo igual [risas]. Desde la nueva normativa, apenas salimos a atender a los jugadores, pero sí que es cierto que cuando alguno recibe un golpe fuerte, me pongo en tensión y me preocupo.

Foto: Edu Ágreda

¿Qué jugadora ha sido la que más te ha impactado físicamente por su edad?

Lysa Tchaptchet. Cuando yo jugaba en el Beti Onak ella era infantil y por aquel entonces era “fuerza sin control”, pero se le veía que a nada que trabajaran un poco con ella, llegaría donde está a día de hoy. Su hermana Lyndie también es una pasada, lo fuerte que es para su edad.

¿Cuál ha sido la anécdota más divertida que has vivido como fisio?

En mi primera concentración con la selección juvenil, que ahora son júnior, había una jugadora a la que tenía que vendar el codo. Le hice el vendaje y, de repente, se me acerca y me dice: “Eli, ¿es normal que se me esté hinchando y poniendo morado?”. Qué apuro pasé, entre los nervios de la primera concentración y que estoy acostumbrada a vendar a los brazos y piernas de mis jugadores de Asobal… ¡Pues casi le hago un torniquete! [Risas] Lógicamente, se lo quité y le hice uno nuevo.

Tu trabajo te permite viajar. ¿Cuál ha sido el lugar más espectacular que has visitado?

No sé si el más espectacular, pero me gustó mucho Berlín, pudimos hacer turismo porque coincidió con un puente y como era el partido de vuelta de cuartos de final de la EHF Cup, el club se portó y nos premió dejándonos ir a todos los componentes del cuerpo técnico y disfrutar de un fin de semana largo allí. Estuvo muy bien todo. Pero tengo muchos sitios a los que me gustaría viajar.

Foto: Edu Ágreda

¿Cuál es tu sueño?

Quiero llegar a ser la fisioterapeuta de la Selección Nacional Absoluta Masculina. Ese es el reto que tengo, porque me gustaría cambiar el hilo de la historia: no sé si ha habido alguna vez alguna fisioterapeuta mujer en los Hispanos, pero si no la ha habido, quiero ser la primera. Esto lo tengo como reto personal, pero por supuesto, también me gustaría llegar a la Selección Absoluta Femenina. Las dos cosas las veo muy difíciles, pero bueno, si no se llega, estoy muy contenta y orgullosa de mi recorrido y de lo conseguido hasta ahora, tanto con el Helvetia Anaitasuna, como con la Federación Española de Balonmano. Y bueno, ir a unos JJOO tampoco estaría mal… [Risas]

Y la última, de actualidad. ¿Cómo está condicionando la COVID-19 a vuestro trabajo? ¿Qué protocolos seguís?

Como en todos los trabajos, pues condiciona mucho. Por suerte, o por desgracia, la gente sigue teniendo lesiones, o no quiere llegar a tenerlas y acude al fisioterapeuta. El protocolo que seguimos en el club es un poco el que sigue todo el mundo. Toma de temperatura al entrar, gel desinfectante de manos y desinfectar camilla después de tratar a cada jugador, o en mi consulta a cada paciente, y desinfectar material después de cada uso. Y nosotros todo el día estamos con la mascarilla puesta.


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