Lo que sucedió el pasado 1 de octubre en el pabellón del Barrio de La Salud durante el duelo que enfrentaba al Santa Cruz Tenerife -hasta hace poco Salud Tenerife- y al Soliss BM Pozuelo fue vergonzoso. Uno de esos episodios asquerosos que dañan, y mucho, un deporte como el balonmano que se caracteriza por valores precisamente contrarios al acontecido. Un energúmeno, que visualizaba el partido en el límite de la pista situado en una de las esquinas, insultó y escupió a una jugadora del conjunto castellano manchego después de que las colegiadas, las hermanas Beatriz y Patricia del Valle, decretasen 7 metros sobre ella, dos minutos para la defensora local y advirtieran a la mesa de dicho altercado. Según fuentes a las que ha tenido acceso DeporteCienPorCien y documentos como el anexo del acta -que no sea pública solo es una exhibición más de la falta de transparencia del ente federativo-, la balonmanista agredida relata que, tras caerse al suelo, el personaje le escupe «dos veces», acertando la segunda en la mano, y le insulta a la voz de «guarra».

Ha sido una historia que no trascendió en su momento, pero sí ahora con la sanción del CNC. La jugadora, como se aprecia en el vídeo, se percata de los improperios del individuo en cuestión. Hay un asunto relevante, según el acta número 13 del CNC, se trata de un «espectador no identificado». Parece increíble, usando la diplomacia, que el club desconozca este extremo viendo la posición del agresor. El máximo responsable, Octavio Pérez, debería conocer qué tipo de personajes son los que ocupan sitios privilegiados en la cancha que no están reservados al público en general. Desde este medio se ha contactado con el CBM Salud Tenerife y, hasta el momento, no se ha obtenido respuesta.
Estos sucesos manchan gravemente la imagen de un club muy señalado por distintos aspectos como la continua deuda que tiene con muchas de las balonmanistas que han defendido sus colores, por las habituales sanciones que el Comité Nacional de Competición de la RFEBM aplica sobre la entidad de manera habitual -la última ascendía a 12.500 euros por asuntos relacionados con la Seguridad Social- y ahora por un caso de violencia en pleno partido. La fama que de los dirigentes de este club también ensucian el producto balonmano, un deporte donde reina el compañerismo y el juego limpio.
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