MIREIA PAYÁ: “EL BALONMANO ES LO QUE SOY HOY. YO: MIREIA”

Entrevista: Ariadna Cañameras

Siempre es interesante escuchar a Mireia Payá, porque sus reflexiones tienen jugo. Sus palabras contraponen la vacuidad de muchos discursos del deporte de primer nivel, especialmente en las disciplinas más mediáticas. Algunas recordaréis que se retiró a una edad inusual –solo 28 años– y otros asociaréis su nombre a la capitanía del Canyamelar. Fue internacional en categorías de base y superar el centenar de goles en cada campaña fue uno de sus pasatiempos como jugadora. Payá, además, pulverizó todos los plazos de vuelta tras padecer la lesión SLAP en el hombro. Adalid en el vestuario y también en el 40×20, le sobraba el carisma. Ahora nuestra Mireia está alejada del balonmano, el deporte de su vida, y eso propicia poder invertir su tiempo de ocio en historias incompatibles con ser deportista de élite. Sus obligaciones profesionales le hacen flirtear con el mundo de la raqueta, pero sabe perfectamente lo que sucede en una DHF “menos profesional” y la situación de su Canyamelar Valencia. Es inquieta por naturaleza, fanática de la actividad y sensibilizada con la actualidad. Le preocupa el panorama que se avecina para la gente joven, menos preparada que antaño, y le hierve la sangre con el circo político que visualizamos en España. La valenciana es una todoterreno y su sonrisa y su buenrollo le han convertido en una de las deportistas más queridas que han pasado por la Liga Loterías. 

MIREIA PAYÁ y ANABEL MEDINA. Foto: Mireia Payá.


Tras varios meses alejada de las pistas, ¿cómo es la vida de Mireia ahora?

Mi vida ahora es de mucho trabajo y, el tiempo que tengo, se lo dedico a un deporte diferente: el pádel. Y el resto del tiempo intento correr un poco para mantenerme en forma, pero cuesta bastante…

O sea que no sigues en contacto con el balonmano…

La verdad es que no, no me queda tiempo. Estoy disfrutando de mi tiempo libre, que no sabía que existía, en los fines de semana, para dedicárselo al ocio, la familia y a cosas diferentes. No te das cuenta, pero cuando llevas 28 años dedicándote a un deporte te pierdes bastantes cosas. Por lo menos este primer año lejos de las pistas estoy disfrutando de todo eso que me había estado perdiendo.

Y por otra parte, ¿qué es lo que más echas de menos?

Uff… La ‘camarilla’: el comadreo que llevábamos las compañeras, que acaban siendo amigas. De compartir horas y horas diarias y viajes, a verlas una vez al mes… Eso se hace extraño y duro, eso es lo peor. Y lo que también echo mucho de menos es la competición, la adrenalina, los minutos de final de partido y estar ahí ‘que sí que no’, como el partido del Valencia este fin de semana en León. Ahora, jugando a pádel, me lo tomo igual, y la gente me mira como un bicho raro [risas].

FANNY DESCALZO, DOLORS ESTERRI y MIREIA PAYÁ. Foto: Mireia Payá.

Y tras esa victoria del Valencia… ¿Cómo ves a “tu” equipo?

Francamente mal. Sufriendo más de habitual, creo. El sábado tenían que ganar sí o sí, lo hicieron y eso les dio oxígeno. No sé si algún año nos habíamos visto tan apuradas en estas fechas, casi abril, con tan pocos puntos y viéndonos tan abajo y tan asfixiadas.

¿Cómo ves la DHF?

A raís de lo que hablábamos, creo que es más sencilla la permanencia, la competición en sí, que el ascenso de los equipos de Plata que se matan para subir. Las fases de ascenso son más cruentas que la propia DHF. Y bueno, veo a un Guardés sorprendente que, estando ahí Prades, todos esperábamos que fuera un equipo duro. El Bera Bera, de momento, intocable pero hay que esperar cómo reacciona a las lesiones. Y un Rocasa que también ha perdido fuelle. Creo que, año tras año, la DHF pierde más fuerza. No sé qué habría que hacer para pegar un ‘petardazo’.

Cuando tú te retiraste también lo hicieron Yáñez o De la Torre, este fin de semana ha sido el turno de Anna Vicente… ¿Crees que cada vez perdemos más profesionalidad y vamos hacia el amateurismo?

Por supuesto, pero no es de ahora… Hace años que se pierde profesionalidad, lo siento. Había gente que se enfadaba conmigo cuando decía que no éramos profesionales, porque no vivíamos del balonmano. Nos tirábamos tres horas diarias entrenando, dedicábamos toda nuestra vida, o parte de ella, al balonmano… Pero no vivíamos del balonmano. Yo no me consideraba una jugadora profesional. Y esta afirmación me ha costado, no discusiones pero sí largas conversaciones.

¿Cómo ves los cambios en los combinados nacionales? Hay más mujeres…

No quiere decir que sean mejores, pero sí me alegro mucho de todos los cambios. Me parecen interesantes. ¿Que se hayan incluido más mujeres? No creo que deba haber diferencia entre hombres y mujeres en cuanto a calidad, pero igual sí mejora la gestión de grupos. Tengo un enorme cariño a Abel Estévez y a mi Susana [Pareja] por supuesto, justo esta nueva dupla en la “selección B” ha sido una alegría para mí porque forman un tándem maravilloso. Sobre Carlos Viver, como entrenador no le conozco, pero por las referencias que tengo creo que puede hacer grandes cosas: ha metido bastantes cambios, con gente nueva, cosas que hacían falta… Un soplo de aire fresco, aunque hay que esperar porque esta convocatoria no tenía “competición”. Al fin y al cabo, Jorge [Dueñas] no se ha desligado totalmente de la selección y sigue trabajando desde abajo. La reconversión me parece muy interesante, la verdad.

Ahora que lo ves desde la distancia… ¿Qué es (y ha sido) para ti el balonmano?

A mí el balonmano me ha dado muchísimo. Para empezar, una cosa que siempre le agradeceré es que me diera acceso a la universidad: yo entré como deportista de élite y, si no llega a ser por esto, no hubiera accedido. Me ha dado mi futuro, que hoy sea una persona licenciada, que esté trabajando donde estoy trabajando, me ha abierto puertas importantes. Por otro lado en el ámbito sentimental, dedicarte en cuerpo y alma a un deporte en la preadolescencia y en la adolescencia te forja mucho la personalidad, te centra. En definitiva, para mí el balonmano es lo que soy hoy por hoy. Yo, Mireia. Gracias al balonmano.

Foto: Mireia Payá

Oye… ¿y sigues mucho la actualidad? Me dicen que te gusta hablar de política…

[Risas]. Sí, bastante.

¿Qué es lo que más te preocupa de la sociedad?

Me preocupa la gente joven. Veo que vive el hoy y no piensa en el mañana. Tendemos a grupos de jóvenes más incultos, despreocupados. Y, en general, me preocupa el panorama político de corruptos, ineptos y egoístas que tenemos. Es una suerte de gente que no tiene vocación política, sino interés personal. No hay casi nadie que se dedique a la política para mejorar su país y las condiciones de la ciudadanía, lo hacen por poder e interés. De ahí no puede salir nada bueno…

¿Qué es lo que más admiras de las personas?

Admiro la sinceridad, sea para bien o para mal. Ya sabes que yo soy muy bruta (risas). Y admiro mucho a la gente que se interesa y a la gente culta… Me maravilla. Haría mía esa famosa frase de “me seducen las mentes…” y lo que sigue [risas].


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