EL MILAGRO GERMANO DE CRISTINA CABEZA

Algunos y algunas, pocos y pocas, no habréis podido ver jugar a Cristina Cabeza en nuestro país. Ella era la central de aquel Elche Mustang, la extensión de Aldeguer en la cancha. La inteligencia personificada en el 40×20, sabía templar o acelerar el encuentro según las necesidades de su escuadra. Una directora de orquesta de calidad.

Foto: Frank Ferring

Foto: Frank Ferrinj

Cuando su carrera estaba en el prólogo, viajó hasta tierras alemanas para iniciar una nueva aventura que significaría, a la postre, su adiós como jugadora y su recibimiento como entrenadora. El Trier alemán le fichó y ella aceptó como colofón de su carrera, el segundo año actuó como jugadora y entrenadora y se salvaron. Su tercer año, también doblando papeles, no tuvo sus frutos y descendieron de categoría en la última jornada de la competición. Tras ese período en tierras extranjeras, el verano pasado regresó a España pero no surgió ningún proyecto de suficiente interés.

Foto: volksfreund.de

Foto: volksfreund.de

A mitad de la presente temporada y con el Trier agonizando en el pozo de la segunda categoría germana, Cabeza recibió la llamada de nuevo. El reto era muy complejo, incluso requería tintes bíblicos para obrar el milagro. El equipo había disputado 13 encuentros y había conseguido solo dos victorias. Llegó el parón navideño y llegó Cristina Cabeza para tomar el mando del DJK/MJC Trier, desde ese momento ha disputado 14 partidos. El balance ha destrozado todos los registros anteriores: ha conseguido la mitad de los puntos que ha disputado, siete victorias y siete derrotas que suponen 14 puntos en apenas tres meses y la salvación asegurada, de forma matemática, cuando restan tres jornadas para que concluya la temporada.

Su periplo ha sido de entrenadora al 95% y de jugadora al 5%, el último triunfo en la competición doméstica el sábado pasado fue especial porque suponía la salvación y porque Cabeza saltó al parqué para jugar dos minutos en la victoria (31-29) de su equipo ante el Union Halle-Neustadt -séptimo clasificado-. La entrenadora madrileña, a sus 39 años, disfrutó de los que pueden ser sus últimos dos minutos como jugadora profesional de balonmano. El hecho de que nuestro balonmano descienda sin control en el ranking EHF es inversamente proporcional al valor de nuestras jugadoras, jugadores, entrenadoras y entrenadores fuera de nuestras fronteras.

 

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