EL RENACER DE LOS POETAS MUERTOS

Foto: IHF

No leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana. Y la raza humana está llena de pasión.

Con esta frase, el profesor Keating -interpretado por Robin Williams- animaba a sus alumnos a amar la poesía en la película ‘El club de los poetas muertos’. Este clásico es el máximo exponente del carpe diem en el séptimo arte: este film nos enseñó que cambiar el mundo desde los detalles más insignificantes era posible, que no hay nada imposible, que nunca hay que dejar de soñar, que debemos encontrar lo que nos apasiona, que no debemos conformarnos. La película aborda el renacer del amor por la poesía de un grupo de adolescentes, que reviven un club de literatura que existió años atrás. Se trata del resurgir de una pasión.

En este Mundial de Japón, las Guerreras han sido profesoras y alumnas a la vez. Ellas han sido ese grupo que recuperaba el espíritu y la identidad de equipos que le precedieron, esas jugadoras que se iban enamorando de su poesía al mismo tiempo que la escribían, esas mujeres que rugieron cuando nadie confiaba en ellas. Las inconformistas, las que eligieron su propio camino, las que no quisieron detenerse cuando más cómodo era.

Al igual que el profesor Keating, las Guerreras nos han guiado hacia ese renacer del balonmano femenino español. Ellas nos han enseñado a volver a soñar, a regresar a la idea de que nada es imposible, que no hay Goliath que David no pueda derrotar, a resurgir como el ave fénix cuando lo dábamos todo por perdido. Ellas, nuestras jugadoras, nos han dado una lección de carpe diem: “Solo al soñar tenemos libertad. Siempre fue así y siempre será”, que diría el personaje encarnado por Robin Williams.

No os voy a mentir. Ese renacer también ha sido el resurgir de mi amor por el balonmano. Llevo ya tiempo lejos de España y de estas jugadoras y, como en muchas relaciones, la pasión se desvanece, poco a poco, kilómetro a kilómetro. Pero en Japón, las Guerreras me recordaron el porqué he amado tanto el balonmano, el porqué le hemos dedicado tanto tiempo y esfuerzo sin ninguna recompensa, el porqué no esperamos nunca un ‘gracias’ pero apreciamos cada detalle. Había olvidado esa sensación de incondicionalidad, de inconformismo, de resistencia y de resiliencia. Pero estas Guerreras me lo han devuelto y yo, hoy, como ellas, también renazco.

Y yo ahora digo: “No veo y escribo de balonmano porque es bonito. Veo y escribo de balonmano porque pertenezco a la raza humana. Y la raza humana está llena de pasión”. GRACIAS, GUERRERAS.


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SINFILTROSDEPORTECIENPORCIEN – TERESA FRANCÉS


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