EL ORO SÓLO PUEDE TENER UNA CARA

Por Ángel Cárceles
(Periodista deportivo. Narrador balonmano femenino en Teledeporte)
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Foto: RTVE

El balonmano femenino español nos ha acostumbrado a saborear éxitos, en forma de medallas, en los últimos años. Concretamente, desde que en el Europeo de Macedonia de 2008 se consiguió la medalla de plata como subcampeonas perdiendo la final ante la todopoderosa Noruega. Una historia que se repetiría seis años después, en el Europeo de Hungría y Croacia en 2014. Entre estos dos períodos, España logró por primera vez meterse en las semifinales de un Mundial, el de 2009 en China, con aquel tanto in extremis de Macarena Aguilar ante Rumanía (nunca antes un empate había sido tan celebrado). Entonces acabó cuarta, pero dos años después, en 2011 en Brasil, repitió la gesta y, esta vez, sí alcanzó el podio con un histórico bronce, tras perder en semis, otra vez con Noruega, y ganar a Dinamarca en la final de consolación para ser tercera.

Al año siguiente, en los Juegos de Londres, tras esa tarjeta de presentación, nuestras chicas, que ya se habían gestado a pulso la marca “guerreras”, apelaron a la épica en el 40×20 del Copper Box. Habían perdido ante Montenegro, en semis, la oportunidad de jugar una final olímpica, pero se quitaron la espina ganando a Corea en la prórroga y volviendo a casa con una cuarta medalla, quizá la más valorada con el paso del tiempo y no por ello menos importante que las otras tres.

Todos estos éxitos han llegado con un técnico, el vizcaíno Jorge Dueñas, que cogió al equipo nacional el 2 de octubre de 2007 en sustitución de Miguel Ángel Florido, con el que España había sido campeona de los Juegos del Mediterráneo en 2005 en Almería en una selección en la que ya estaban Noelia OncinaBegoña Fernández y Verónica Cuadrado –hoy retiradas- y en la que aún continúan Marta Mangué –la jugadora con más entorchados y mayor número de goles de la selección y Macarena Aguilar.

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Foto: José Antonio García Sirvent (Mundo Deportivo)

Sin embargo, las #Guerreras llevan dos Mundiales, el de Serbia en 2013 y este último de Dinamarca en 2015, sin alcanzar la lucha por las medallas y poder pelear por la única que les falta, la de oro, que se ha resistido en dos ocasiones. ¿Será posible conseguirla este verano en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro? Posible, por supuesto que lo es, porque este equipo ha demostrado que puede hacerlo.

Un equipo al que si alguien conoce bien y es capaz de sacarle lo mejor, a día de hoy, no es otro que Jorge Dueñas, a pesar de que el algunos foros ya le están pidiendo el relevo. Para bien o para mal, confía plenamente en un bloque y no le gusta hacer experimentos cuando llegan las grandes citas. Por tanto, pocos cambios se intuye que pueda haber, más allá de inoportunas lesiones que ojalá no lleguen.

Cierto es que a ese bloque, que dispone ahora mismo de una gran portería con Silvia Navarro y Darly Zoqbi, le sigue faltando una zurda de garantías en el lateral derecho y que en el horizonte no hay pivotes de la talla de las torres gemelas Vero y Bego. Pero en esa demarcación, con Eli Chávez, se ha cumplido con creces en la difícil misión de encontrar un relevo y, por otra parte, aparecen jugadoras como María Núñez o Ainhoa Hernández demostrando que España también puede tener su Heide Locke particular, aunque ahora los cánones vayan más enfocados hacia el perfil de la holandesa Snelders.

Y ahí es dónde vamos. Holanda tiene equipo de largo recorrido. Con una media de 25 años de edad llegan a Río de Janeiro como vigentes subcampeonas del mundo y con un equipo muy compensado, con una buena portería, buenas lanzadoras en primera línea, buenos extremos y dos pivotes de garantías. Esa Holanda fue la que dejó en evidencia a las #Guerreras en Almere con un 31-21 que cabe calificarse de accidente, pero de serio toque de atención para evitar en Río que el mundo vea esa ‘cara B’ de las #Guerreras. En Río, si se aspira a “cerrar el ciclo” con ese soñado oro o volviendo a subir al podio, las #Guerreras deberán mostrar la ‘cara A’, esa de la primera mitad en Léon ante la misma Holanda  a la que barrieron de la pista.

Pero, llegados hasta aquí, más allá de las elegidas por Jorge Dueñas para la cita olímpica, lo que ellas mismas necesitan es ser un equipo, un bloque sólido de una sola cara y de 60 minutos, no de medias partes, un bloque al que le dure la gasolina hasta el final, manteniendo la intensidad en defensa y la fluidez en ataque, sin pérdidas de concentración ergo pérdidas de balón. Eso es algo que las propias jugadoras admiten y saben que, utilizando la terminología cholista tan de moda de ir partido a partido, deben cumplirlo para no pifiarla y volver a casa con esa medalla. Una medalla que esperamos poder narrarles en TVE/Teledeporte y que Vicente Soler pueda plasmar en esta web. Una medalla que estará más cerca si son capaces de exhibir su mejor versión, esa que nos ofrecieron en este último torneo de Noruega.

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