GESTIÓN DEL ERROR (III): PROPIOCEPCIÓN SENSOMOTRIZ Y SUS PROCESOS

En DeporteCienPorCien lanzamos una serie de artículos relacionados con la gestión del error en el deporte, con un especial enfoque en el balonmano. Se trata de un modelo que propone el psicólogo David Sierra, que puedes leer completo aquí, con ocho pilares que vamos a explorar durante las próximas semanas. A raíz de la conferencia ‘Gestión Emocional del Error en el Deporte’, organizada por We Share Handball en 2018, Sierra recoge las ideas allí expuestas y la experiencia del Instituto Innova acompañando equipos y profesionales en contextos de complejidad. Así, recupera y profundiza en esta cuestión para ofrecer una reflexión que estimule repensar los esquemas convencionales de entrenamiento, con sus límites y potencialidades y, si cabe, enriquecer las líneas de actuación para deportistas y equipos.

David Sierra es Licenciado en Psicología y Consultor especializado en psicodinámica de grupos y desarrollo de equipos de alto rendimiento. Tiene un Postgrado en RRHH y Consultoría de Procesos. MIT Sloan Business Process Design for Strategic Management Program. Es Coordinador del Área de Rendimiento Deportivo del Instituto Innova. Autor de varios artículos especializados sobre equipos y sistemas de trabajo. Es asesor en el rol de liderazgo. Además, es parte del staff consultor del Seminario Internacional “Liderazgo, Innovación y Poder” del Instituto Innova.


Foto: Pascal Le Segretain/Getty Images

El cerebro, a través del resto del cuerpo, cuenta con diversos sensores para captar diferentes estímulos. Los exteroceptivos atienden a los estímulos externos mediante los cinco sentidos. También están aquellos sensores dedicados a nuestro mundo interior, como los propioceptivos. Estos últimos recogen los datos que aportan los distintos receptores de nuestro sistema nervioso situados en el aparato esquelético-muscular y nos permiten, por ejemplo, darnos cuenta de que estamos estirados en posición horizontal en una habitación oscura y sin otro input exterior.

A pesar de que actualmente la tecnología permite recolectar grandes cantidades de datos y análisis estadísticos sobre orientación del cuerpo, posicionamiento, cargas de trabajo, movimientos óptimos, etc., nuestro hándicap sigue siendo que no nos hemos preparado lo suficiente para captar las señales propioceptivas sensomotrices y, con ello, responder con inteligencia ante un error.

Estas señales y sus reacciones corporales forman parte de los procesos básicos: por ejemplo, niveles y tipos de atención, toma de decisión y reacción, tono muscular requerido en cada movimiento, umbral de fatiga y su gestión, función respiratoria, etc. Estas experiencias internas han sido tradicionalmente catalogadas como elementos distractores y, por tanto, a ser vigiladas o controladas. La propuesta aquí, en cambio, es que debemos conocerlas sensorialmente para poderlas canalizar en favor de la acción motora idónea en cada circunstancia, y en este caso, tras un o diversos episodios de error.

Imaginemos el ejemplo, citado también en una reciente entrevista con Ariadna Cañameras, de una jugadora de balonmano que acaba de fallar sus tres lanzamientos previos. En el lenguaje usual es fácil recriminarle que no estaba concentrada (‘concentración’, otro de los conceptos tótem). Pero, paradójicamente, sí que lo estaba, porque su atención se centraba en su emoción y no en el gesto deportivo a acometer. En el momento del error reacciona con angustia ante el mismo y es cuando vuelve a fallar repetidamente, porque dos pensamientos simultáneos son prácticamente imposibles de gestionar, uno siempre desplazará al otro. Si adicionalmente la jugadora siente la presión que de ella depende el partido y dedica energía a este pensamiento, aún desvía más la atención en la tarea de precisión. En este caso, el aprendizaje potencial radica en poder focalizar su energía atencional en sus sensaciones musculares y no en estas emociones o pensamientos para lograr el lanzamiento adecuado. Es cuando decimos que ha desarrollado su capacidad ‘propioceptiva sensomotriz’.

Muchas de las instrucciones que escuchamos desde los banquillos, cuando un jugador/a comete algún error, contradicen estos principios. Un ejemplo que suele poner el Dr. Viadé es cuando, en pleno partido, se insta a los jugadores a pensar en positivo. No obstante, desde este enfoque, pensar puede relajar la tensión pero interfiere en la atención requerida para la acción de rendimiento. De la misma manera que de poco sirve vocear a la esquiadora que se relaje cuando necesita focalizar su atención en la experiencia sensorial de disociar los músculos implicados en el movimiento de saltar a pista. Parte de la preparación emocional, por tanto, consiste en aprender a utilizar y combinar las diferentes modalidades atencionales que disponemos en función de las necesidades de cada momento.

Sin duda, de todos los procesos básicos, el de la atención es de los más relevantes en lo referente a la ‘gestión emocional’. Más aún cuando, como subrayan diversas voces autorizadas, el déficit atencional de las nuevas generaciones requerirá un replanteamiento estratégico de los métodos de entrenamiento. Nir Eyal, profesor asociado de la Stanford’s Graduate School of Business, pronostica que la capacidad atencional será la destreza más importante del siglo XXI (según sus términos, la capacidad indistraíble). Para aquellos/as interesados en profundizar en el tema de la atención y las emociones, son recomendables los instructivos artículos aplicados al baloncesto del entrenador Xavi Ramos y de Mari Carmen Abengózar, Doctora en Psicología de la Universidad de Valencia.

Estas capacidades requieren, como todo hábito, un proceso de des-aprendizaje y re-aprendizaje para lo que existen diversas metodologías de apoyo. Una de ellas es el instrumento de biofeedback con distintas variables psico-fisiológicas (frecuencia cardíaca, electromiografía, etc.) cuya utilidad viene demostrada por diversas investigaciones. En nuestra experiencia, uno de los más efectivos es el GSR (Galvanic Skin Resistance), orientado al registro de la actividad electro-dérmica de la piel. Recientemente, un joven atleta de 1500m recordaba cuánto le había costado habituarse a este tipo de instrumentos pero que, progresivamente, este aprendizaje había emergido de forma natural, hasta el punto que tenía ‘la sensación de que los tiempos de calentamiento se hacían más cortos’.

En las siguientes entradas se desgranan más pilares de este modelo. Se trata de puntos que no representan una técnica o método aislado, sino que ilustran una faceta del conjunto como modelo integral. Estas son las entradas que puedes leer:


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