ANJA ALTHAUS: “¿CÓMO VAS DISFRUTAR DEL BALONMANO SI NO ERES TÚ MISMA?”

En la Final4 de Budapest (2018) Vicente Soler y yo vimos en persona cómo Anja Althaus se retiraba del balonmano profesional ganando una Champions League, su tercera Champions. Cuando andaba por los pasillos, su presencia imponía -y mucho-. “A ver quién tiene narices de pedirle una entrevista”, pensé. Un año y medio más tarde, la EHF me asignaba mi primer partido de Champions League femenina, lo que significaba trabajar codo con codo con Anja. Iba nerviosa, con ganas de conocerla pero con un respeto increíble. No sabía qué decirle cuando la viese.

Anja Althaus (1982) es una de las mejores jugadoras de la historia de Alemania. De las más emblemáticas, sin duda. Como jugadora le ha definido su garra, su fuerza, su intensidad y su disciplina. La pivote germana ha ganado tres Champions League, dos con el Viborg HK (2009 y 2010) y una con el AUDI ETO Györ de Ambros Martín (2018), ese fue el colofón antes de su retirada. Vistió la camiseta de su país en 243 ocasiones durante 12 años, anotó más de 500 goles y ganó un bronce en el Mundial de Francia 2007. Ha jugado en equipos y ligas dispares: Trier y Thüringer alemanes, el Viborg danés, el Vardar macedonio y el Györ húngaro. Ahora, Althaus sigue vinculada al balonmano femenino como reportera en las redes sociales de la EHFCL. Su historia está escrita en los libros de balonmano, en la red y en su brazo izquierdo en forma de tatuaje.

Cuando conocí a Anja me di cuenta de que era justo como me la había imaginado y una persona distinta al mismo tiempo: es directa, transparente y extremadamente sincera, a la vez que sensible, divertida y afable. Una combinación extraña, pero que cuando pasas horas y horas con ella, agradeces. Lo mismo bromea con tu altura que te alimenta a base de brownie de boniato. Y por eso, cuando estás tanto tiempo con una jugadora de su talla, con una historia como la suya y con una personalidad tan intensa, salen conversaciones como esta. Disfrútenla.

Anja Althaus posando con su tercera Champions – Foto: EHF

Has ganado tres Champions League, algo reservado para poca gente. ¿Cómo analizas ese dato con un poco más de perspectiva?

Cuando era pequeña soñaba con, por lo menos, ganarla una vez en mi vida. El camino no ha sido fácil para mí, tuve muchos entrenadores que nunca creyeron en mí y otros que decían a los clubes que querían ficharme: “No lo hagáis, no merecerá la pena… No es buena”. Y probablemente no era el mayor talento de mi equipo, pero era la mejor luchadora. Los equipos en categorías inferiores de la selección alemana tenían mucho talento, los entrenadores me decían que nunca iba a lograr ganar esos títulos, pero lo cierto es que soy la única que lo hice. Creo que mi talento es mi corazón y mi lucha, y nunca me rendí. Quería lograrlo y trabajé muy duro para ello, en los momentos en los que no estuve bien no me rendí. La primera vez que gané la Champions League pensé: “Joder, ahora ya has alcanzado el sueño. Ahora quiero más”. No me quedé satisfecha, creo que nunca estaré satisfecha en mi vida. Esto me ayudó a tener la posibilidad de ganar esos trofeos, pero también sé que necesitas a un equipo para eso y creo que elegí bien el momento de unirme a equipos que podían luchar por ello. Si volviera atrás, haría exactamente lo mismo.

Foto: Felix Buß

Y te retiraste en lo más alto: ganando una Champions en el Györ de Ambros Martín.

Siempre soñé con una despedida así. Siempre tuve miedo de dejar de jugar en un momento que no fuese el adecuado. Por eso siempre soñé con retirarme con un título. En el Vardar dije que me retiraba, pero luego me llamó Ambros [Martín] y es de las mejores decisiones que tomé. Si me hubiera retirado después de jugar con Vardar, ahora mismo odiaría el balonmano porque ese último año no fue muy bueno para mí: estuve lesionada buena parte de la temporada y me dijeron que debería retirarme ya, que era demasiado mayor, me engañaron un poco… Y yo no quería ir a otro sitio y empezar un proyecto nuevo. Luego Györ me llamó y volví a sentir lo que era volver a formar parte de un equipo unido y con fuerza, porque Ambros trabajaba duro para lograrlo. Cuando miro hacia atrás pienso: “Creo que soy una buena persona, que no hago nada malo y que, de alguna manera, esta era la forma de recompensarme”. Retirarme con Ambros y con el Györ es lo mejor que me ha pasado en la vida.

Mangué y Althaus – Foto: Henning Bagger

¿Cómo ha sido para ti jugar en países tan diferentes?

Tienes que tener la mente muy abierta. Sé que hay jugadoras escandinavas que vinieron a Macedonia y no les gustó, yo nunca lo entendí. Yo fui a Dinamarca y fue una pesadilla al principio: solo hablaban danés, no entendía nada, me sentí muy sola, estábamos todas en casa siempre porque allí tienen una manera diferente de relacionarse. Yo venía de un pueblo en el que siempre estaba rodeada de gente e ir a un club tan profesional como el Viborg fue duro, tuve que aprender muchas cosas. Después, aprendí el idioma y todo fue muchísimo más fácil, me adapté… Como te he dicho antes, nunca me rendí. Y mira que en muchas ocasiones pensé en hacer la maleta y volver a casa, pero eso nunca lo haré. Por eso debes estar abierta y encontrar tu manera de vivir en diferentes sitios. Creo que soy buena en leer y entender la cultura de los países, por eso me fue más fácil encontrar el camino. Por ejemplo, en Hungría tienen cosas parecidas a Alemania pero siguen siendo especiales, y aunque solo estuve un año me gustó mucho. Cuando llegué a Macedonia pensé: no cometas el mismo error que en Dinamarca de esperar a que alguien te llame para salir. Aprendí cosas para que mi próxima experiencia fuera mejor. Adaptarte solo depende de ti misma, de cómo actúas y de tu interés por otras culturas. He visto a gente llegar y decir: “solo me gusta la comida de mi país y esto y lo otro”. Eso es una estupidez.

¿Alguna vez te planteaste jugar en España?

¡Por supuesto! Cuando empecé mi carrera soñé con retirarme en España. Tenían un buen nivel de balonmano, la playa, la paella [risas]… Pero desgraciadamente, con la bajada de nivel, mi sueño se desvaneció. En aquella época tenía amigas jugando en España y todas me decían lo increíble que era jugar allí: la liga era buena, la mentalidad era buena, el ambiente era bueno… Al final eso es lo que quieres cuando juegas. Estoy triste de que eso no haya sido así.

Foto: Lars Rønbøg

En Viborg jugaste con dos de las mejores primeras líneas de la historia: Grit Jurack y Bojana Popovic. ¿Qué recuerdas de esa época? Al final, las pivotes dependéis mucho de las laterales…

Sí. Pero lo gracioso es que las primeras líneas también dependen muchísimo de las pivotes. ¡Nadie se fija en eso! La gente no sabe lo importantes que son las pivotes. Cuando la gente me pregunta eso, siempre me enfado. Porque las pivotes tenemos un trabajo jodidísimo y nadie presta atención a lo duro que es… Perdón, era solo una puntualización. Volviendo a tu pregunta: fue una pasada jugar con ellas. Creo que éramos el ‘dream team‘ de la época. Tenían un carácter especial que aportaba muchísimo. ¿Ves? Eso es algo que no encuentras en el balonmano actual…

¿El qué?

Su actitud, su personalidad tan marcada. Ser una superestrella y seguir con los pies en la tierra. Cuando Popovic vino, todas teníamos mucho respeto, pero ella era superhumilde, buena persona y quería ayudar a las más jóvenes. Eso lo admiro mucho, el que ella fuera esa superestrella, una gran jugadora de equipo y una persona excelente.

Foto: Aniko Kovacs

¿Hay algo que quisiste hacer cómo jugadora pero que nunca pudiste?

Probablemente tener más éxito con mi selección. En Alemania siempre teníamos a grandes jugadoras, pero nuestra mentalidad… Nosotros trabajamos duro, pero en aquel momento no teníamos esa mentalidad ganadora necesaria. El último peldaño siempre faltaba…

¡Oye, ahora entrenas!

¡Sí! A un equipo de la liga de Macedonia. Las jugadoras son muy jóvenes y me encanta. Soy la segunda entrenadora… No quería ser la entrenadora principal porque tengo que compaginarlo con mi trabajo en la EHF y sería complicado. Una jugadora, muy joven, que coincidió conmigo en Vardar es la entrenadora. Nos va bien: yo preparo todo atrás y ella, con el lenguaje, lo transmite a las jugadoras. Ahora que estoy yo estamos intentando captar a algún espónsor para poder compensar a las chicas, porque no reciben mucho dinero.

¿Qué es lo que les quieres transmitir?

Que esto va de balonmano. Es triste ver cómo nadie antes lo ha hecho con ellas. Es un trabajo de equipo, no de ego, estar juntas, pasarlo bien… Cuando llegué fue difícil, porque nadie saludaba y nadie sonreía. Les pregunté si les habían obligado a estar ahí y me dijeron que no, que amaban el balonmano. Entonces, ¿por qué coño no sonreían? ¡Porque sus entrenadores no les dejaban! Menuda locura. Entonces, antes de entrar en sistemas y detalles técnicos, quiero transmitirles lo que significa ser un equipo. Ahora empiezo a ver que sonríen y que disfrutan… Eso me hace feliz. Me gusta ser entrenadora, pero de momento no a un nivel top porque entonces tendría la misma vida que tenía cuando jugaba y ahora quiero parar un poco.

Foto: stregspiller

¿Qué les dices a aquellas que te tienen como referente?

Si me haces esta pregunta significa que algo bueno he hecho en la vida. Yo siempre soy honesta: no todo es bonito, es muy difícil, tienes mucha presión… Pero todo depende de cómo lo gestiones. Yo siempre digo lo mismo: sé tu misma. Ya tenemos muchos copia y pega y eso es muy aburrido. De mí, por ejemplo, a la gente no le gusta que sea tan directa, pero yo no soy mala persona, solo digo lo que pienso. Y esto obviamente me ha supuesto más de un problema. Pero estoy contenta con ello, porque me puedo mirar al espejo y decir: vale, estoy siendo yo, digo lo que siento y respeto a todo el mundo. Así que les diría: respeta a los demás, pero nunca te olvides de ser tú misma. Porque así puedes sentirte orgullosa de ti misma.

En curioso, porque normalmente me responden algo relacionado con trabajar duro y entrenar.

¿Pero cómo vas disfrutar del balonmano si no eres tú misma? Es curioso: cuando ves a niñas, ves diferentes personalidades y lo que muchos entrenadores hacen mal, en mi opinión, es forzarles a ser otra persona. Un entrenador debe encontrar la manera de hacer que esa jugadora sea mejor sin cambiarle. ¿Cómo coño vas a disfrutar si no sabes quién eres? Debes descubrir tu talento y explotarlo. Eso es muy importante: si no sabes en lo que eres buena, no sabes lo que debes entrenar. El resto, viene solo.

Foto: EHF

Cambiemos de tema. ¿Qué haces ahora en la EHF?

Soy la ‘cara’ de la Champions League femenina en los partidos de la semana. El objetivo es enseñar un poco más lo que es el balonmano femenino y darles más a la inmensa cantidad de fanes que nos sigue. Antes nadie podía ver lo que ocurría entre bambalinas, ahora tenemos muchas entrevistas y muy diferentes, en las que puedes conocer a las jugadoras. Esto mola, ¿sabes? Cuando yo jugaba y estaba en la pista le caía mal a mucha gente. Y eso estaba bien, porque esa no era yo al cien por cien, era solo que el rival no era mi amigo y quería ganar. Y esto seguro que pasa con muchas otras jugadoras. Pero hay personas e historias detrás y yo sé exactamente cómo se sienten en ciertas situaciones. Y eso es lo que quiero enseñar a los fanes. Creo que también es una buena oportunidad para las jugadoras de mostrar quiénes son, porque en el balonmano femenino no hay tantos recursos para hacerlo. Espero que este proyecto continúe, porque nos vamos acercando al masculino dentro de la EHF.

¿Por qué crees que es importante que grandes jugadoras, como tú, permanezcáis vinculadas al balonmano de alguna manera cuando os retiráis?

Esto es lo de las superestrellas que hablábamos antes. Andrea Lekic o Duda Amorim, por ejemplo: sería una verdadera lástima que no hicieran nada en el mundo del balonmano cuando lo dejen. Porque las conoces, sabes cómo son, tienen experiencia, son referentes… Es superimportante mantener a este tipo de jugadoras, dejar un legado para las próximas generaciones y mantener el mundo del balonmano unido. Representan algo y dan la cara por ello. Pueden llevar al balonmano al máximo nivel.

Foto: EHF

¿Quién crees que tiene más posibilidades de llegar a la Final4: el Rostov de Ambros Matin, el Bucharest de Carmen Martin, el Brest de Marta Mangué o el Valcea de Marta Lopez, Alicia Fernández y Mireya Gonzalez?

Qué bonito suena el español, yo nunca podré decir así las zetas. Ce ce ce ce ce [risas]. Si algo he aprendido es que nunca sabes lo que va a pasar [pausa larga]. No creo que Valcea lo vaya a lograr, lo tiene complicadísimo, no tiene la experiencia, pero ¿quién sabe? Rostov y Bucharest son los equipos con más experiencia, sobre el papel son los equipos que deben lograrlo. Peeeeeeeero… Nunca se sabe. Creo que habrá dos sorpresas en la Final4 y, si todo va bien, creo que el Brest lo va a lograr.

En los fines de semana que hemos estado trabajando juntas has repetido la misma frase, aunque en diferentes contextos: “soy una luchadora”. ¿Por qué te consideras así?

[Pausa] Probablemente, si no hubiera sido una luchadora no estaría hablando hoy contigo. Así de simple. Porque, como te he comentado, no tuve un camino fácil, siempre tuve que luchar por conseguir mi sitio, por ser como soy… Incluso por los rituales más sencillos: en las presentaciones de equipos siempre llevaba mi botella en la mano y no te puedes ni imaginar la cantidad de gente que ha intentado que cambie eso. Creo que tengo buen corazón y eso significa que hay personas que te utilizan de mala manera: he tenido muchas experiencias dentro y fuera de la pista en las que tuve que aprender a sobrevivir. Y jugando… ¡Oh! Me encantaba defender. Para ello no necesitas talento, sino la intención de luchar, aceptar ese reto. En ciertas situaciones debes decidir si rendirte y encontrar otro camino o aceptar el reto y luchar. Yo siempre he hecho lo segundo.

Foto: EHF

Tienes muchos tatuajes, te has cambiado el color del pelo muchas veces… ¿Qué relación guarda tu aspecto con tu personalidad?

La verdad es que no soy como me ves [risas]. Soy muy sensible, lloro muchísimo. Mi madre todavía me sigue preguntando por qué llevo tantos tatuajes… ¡Y no lo sé! De pequeña siempre los había querido… Y piercings. Ahora no me imagino sin ellos… Cuando veo fotos de hace años sin tatuajes, me siento desnuda. La gente cuando me ve probablemente pensará que soy dura… Mira, en Dinamarca una pareja se sentaba detrás de donde yo estaba en el banquillo y, de repente, empecé a hablar con ellos en danés, se preguntaron por qué sabía el idioma… Y me dijeron: “Estás llena de tatuajes pero pareces simpática e impones respeto”. En realidad eso me confundió, porque para mí esto parece normal. Puede que sea una coraza que me he construido por todo lo que he vivido. Todos mis tatuajes tienen una historia que conecto con algo que me ha pasado. Por ejemplo, tengo un ave fénix detrás de mi oreja que hace referencia a mi etapa en Vardar, donde quise dejarlo porque no encajaba con el equipo: de vuelta de un viaje de Rusia lloré muchísimo y al día siguiente me levanté pensando que nunca me iba a rendir y me hice el tatuaje. En mi brazo, tengo en danés “recuerda quién eres y lo que representas” y me lo hice porque la gente intentaba cambiarme todo el rato, diciéndome que no podía dar mi opinión o tener voz.

¿Cuál es la locura más grande que te ha pasado con un fan?

Ufff, he tenido auténticas locuras. De hecho, tuve a un acosador y no podía hacer nada al respecto porque mi posición no era fácil, así que pasé miedo… Creo que las historias más surrealistas son de mi etapa en Hungría. Por ejemplo, un día un hombre me chupó la mano, algo que me dejó sin palabras. Pero también he tenido momentos maravillosos con fanes, algunos de ellos son ahora mis amigos. Yo es que nunca me he visto superior a ellos, para mí estamos al mismo nivel. Yo soy buena en lo mío y ellos en otra cosa. ¡Iguales! La gente parece no entender que el balonmano no funciona sin jugadoras, árbitros, fanes, medios de comunicación… Estamos todos al mismo nivel. Nos necesitamos entre nosotros.

La última, ¿quién es la mejor pivote española?

Para mí, evidentemente… ¡Begoña Fernández! Era muy jodido jugar contra ella, porque era alta y era superfuerte y nunca me lo esperaba. Bufff… Hacía un trabajo increíble. Era una maravilla verle jugar.


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SINFILTROSDEPORTECIENPORCIEN – TERESA FRANCÉS


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