O PORRIÑO 2017: UNA COPA DE ALTURA

Aflora la subjetividad más radical si hablamos del territorio, porque ya saben eso de Galicia Calidade. Es la octava edición copera en la que DeporteCienPorCien está presente y, probablemente, sea la mejor que hemos vivido. Que siempre se puede mejorar es una obviedad, pero también es una realidad que la gráfica global muestra un crecimiento gracias a la implicación de Federación Española, Federaciónn Gallega y Balonmano Porriño -el club anfitrión-. Los avances respecto a la anterior, también celebrada en O Porriño, son claros: la presentación de los equipos fue más visual y la previa de la final más impactante. Se cuidaron más los aspectos en relación a los medios de comunicación, el wifi funcionó a la perfección y los directos proporcionaron más datos. Es un acierto el hecho de que las balonmanistas, todas, pasen por la zona mixta habilitada para que así puedan ofrecer declaraciones a los periodistas que lo requieran. El curso intensivo que impartió el seleccionador absoluto femenino Carlos Viver, la presencia de Jorge Dueñas y Verónica Cuadrado como entrenadores de las Guerreras júnior o la de Alfredo Rodríguez como seleccionador juvenil y, por supuesto, la de José Ramón Lete como presidente del Consejo Superior Deportes. También el hecho de ver a personalidades de nuestro deporte en el palco como Begoña Fernández, Maru Sánchez o Jéssica Alonso… ¿Sería mucho pedir que la Su Majestad la Reina Letizia acudiese, algún año, a la competición que lleva su nombre?  Las asistencias, teniendo en cuenta que el Godoy Maceira Porriño cayó en cuartos de final y que el Mecalia Guardés no alcanzó la ansiada final, fueron notables y el promedio se situó por encima de 1.300 espectadores por confrontación, con el lleno absoluto en la segunda semi entre donostiarras y guardesas.

Foto: Phototeca B&N

Que Carmen Manchado, referente internacional en su ámbito y que se encuentra en Budapest para delegar otra Final4 más de la Champions, o que Cristina Fernández, una de las más prestigiosas exárbitras -primera en pitar un Mundial y en dirigir en ASOBAL-, sean parte importante en la justicia de cada partido le da galones a la competición. Eso es así. Ahora bien, las designaciones arbitrales no fueron las mejores posibles y todo el mundo lo sabe. Aspectos mejorables, varios: el speaker tuvo demasiada presencia durante todo el torneo, a veces impidiendo que el respetable disfrutara y escuchara a las distintas aficiones, además de cometer errores garrafales en la identificación de las jugadoras. El hotel donde se alojaban los equipos estaba situado en un sitio impresionante pero lejos del pabellón y su conexión móvil se asemejaba al Guadiana en cuanto al roaming. Las audiencias televisivas fueron paupérrimas, si una final de Copa de la Reina no alcanza los 60.000 espectadores es que algo estamos haciendo mal. Por otro lado, la dupla del equipo de comunicación del ente federativo que formaron Andrea Sánchez y José Hurtado sí estuvo a la altura y, con los canales de comunicación disponibles, pusieron a disposición de los seguidores un amplio caudal de información -con la emisión de todos los encuentros a través del streaming-. Saliendo del Municipal de O Porriño, la carpa gigante fue muy adecuada ya que brindaba la posibilidad de poder comer y beber productos de la tierra, además la  tienda de Deportes González vendió bufandas y camisetas de los equipos gallegos por lo menos. Lo mejor de esta Copa de la ¿Reina?, quizá, fueron las aficiones: la del Guardés por supuesto, eso ya no sorprende a nadie pero también las de Porriño, Bera Bera y Alcobendas y, en menor medida, la de Granollers. Claro, la distancia de Málaga y Elche condiciona todo esto… Y, por supuesto, la deportividad. Esa es una de las banderas que distingue a este maravilloso deporte de algún otro mucho más mediático.

Si la organización rozó la perfección, teniendo en cuenta que esta no existe, el nivel competitivo también fue maravilloso: de los siete partidos disputados, cinco tuvieron finales de infarto y cuatro se resolvieron por la mínima. Dos de ellos, incluida la final, llegaron a la prórroga. El nivel de emoción y de tensión fue altísimo y eso es un ingrediente indispensable para crear afición y captar potenciales aficionados. Nos congratulamos del impulso de la competición más bonita del balonmano nacional. Queremos a este deporte como los que más, pero seguiremos criticando lo que consideremos oportuno para que el crecimiento no se detenga. También resaltamos determinadas materias y no nos importa aplaudirlas, pero las obviedades no tienen mérito. Aún así, el pasado fin de semana, nuestro balonmano -el de todos y todas- se hizo un poquito más grande y eso es lo que importa.

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