MUJER Y DEPORTE, QUÉ BELLA CONJUNCIÓN.


Paulina Pérez Buforn es deportista de élite. Jugadora del Hotel Gran Bilbao Zuazo, internacional con las Guerreras B y estudiante de Derecho en la Universidad de Barcelona. “Leer es protestar contra las insuficiencias de la vida”, la frase que inicia su biografía de Twitter.


Mujer y deporte, qué bella conjunción. La anterior y rotunda afirmación fue lo primero que se me vino a la cabeza cuando me ofrecieron la posibilidad de escribir para un 8 de marzo. Estaría faltándole a la verdad si no dijese que la imaginé ligada al balonmano, este deporte de equipo intenso y precioso, sinónimo de espectáculo, lleno de valores que no se aprenden en casa o en el cole. Es complicado ser objetiva cuando se está muy vinculada y sobre todo cuando no se pretende serlo.

Por supuesto creo que todos los deportes merecen el mismo reconocimiento, apoyo institucional o cobertura mediática de calidad, pero estoy aquí fundamentalmente para señalar y especialmente afectada porque si nos fijamos en las modalidades femeninas, estas carencias son todavía mayores.

Me preocupan los medios de comunicación porque actualmente tienen una incidencia directa a muchos niveles (económico, cultural, social) y ayudan a conformar una opinión pública que para mí no puede permitirse creer en modo alguno que el deporte femenino no existe o no tiene importancia. No sólo padece una discriminación cuantitativa injusta sino, sobre todo, una cualitativa irracional. Son ridículas las cifras que señalan el tanto por ciento del total de emisiones televisivas que se realizan de deportes practicados por mujeres (sí, aquí se incluye lo emitido en diferido), de radioemisiones o de noticias en prensa escrita con respecto a la información ofrecida de las modalidades masculinas; pero lo peor (¡aún peor!) es que en más ocasiones de las deseables, que sería en ninguna, esas noticias o imágenes tienen una repercusión negativa sobre la imagen de la mujer.

Foto: Paulina P. Buforn

Exijamos el fin de la imagen estereotipada de la deportista, ¡nuestro cuerpo no es un reclamo!, del lenguaje sexista, de la información extradeportiva (vida personal o ropa que viste). Basta, basta obviar los logros modélicos que tantas consiguen, la recompensa a entregarse a un objetivo no puede ser caer en el olvido. ¿Es proporcional en modo alguno a todo lo invertido?¿Es justo que se quede ahí?.

Y no olvidemos que las niñas tienen derecho a poder tener referentes, heroínas, estímulos contundentes para elegir con fuerza su camino y sentirse como son, dueñas absolutas de su destino. Igualito que los niños. Niñas y niños son, recordemos, futuro. ¿Queremos seguir viviendo en un mundo en el que parece que no hay sitio para todos? Desde el deporte estamos obligados a promover un mundo mejor. Más libre, sano, respetuoso, colaborativo.

Aprendí que en esta vida van a juzgarte pero ojalá sea siempre por mi trabajo, lo que hago en él y no por el aspecto que tengo. Se me quiebra el corazón cuando algunos de los éxitos deportivos de la mujer, fruto de empeño, sacrificio, trabajo, constancia y ambición, se ven empañados por toda esa basura.

Gracias y un millón de gracias cada día a todos los medios de comunicación que sois aún excepción por luchar para ser lo cotidiano. Por ir con nosotras de la mano hacia la excelencia en nuestros trabajos, rendimiento deportivo unas e información veraz otros.

Las mujeres somos artífices de una historia a la que se le debe dar visibilidad y ser valorada porque versa sobre la superación de unas estructuras y valores anquilosados, la exigencia de igualdad, el sentimiento de justicia, la reivindicación insaciable del reconocimiento de unos derechos y deberes innatos. Sobre todo porque la seguimos escribiendo ahora.

Admiro y me siento parte de ese movimiento social y político llamado feminismo que hunde sus raíces en la acción para la liberación de la mujer con todas las transformaciones de la sociedad que sean necesarias. Y son muchas: la estructura de poder, la proporción de mujeres en puestos de responsabilidad, en la alta judicatura, en las cátedras universitarias, la brecha salarial (teniendo en cuenta que vivimos en un país “desarrollado”), el reparto de tareas y un largo etcétera.

¿Debilidad? Ojalá por fin de la misoginia, el machismo, la violencia de género y no, y no de la mujer. El sexo débil no existe y jamás sentará cátedra la RAE con su bochornosa acepción.

No paro de pensar en todas las maravillosas mujeres con las que he compartido y comparto vestuario, en ocasiones mucho más; en las (todavía) pocas mujeres que los dirigen y la admiración que merecen; árbitras, fisios, médicas, delegadas, directivas… necesitamos más, su presencia nos enorgullece y enriquece. También ahí hay muchísimo por mejorar aunque sea perceptible un pequeño avance en nuestro deporte gracias a no pocos frentes abiertos en los que se trabaja: si se nos exige profesionalidad que se nos reconozca la misma, la remuneración económica de las deportistas de alto rendimiento es ridícula, es inadmisible la desigualdad en la distribución y asignación de horarios, medios de transporte para competir, instalaciones deportivas, material y recursos humanos y más.

Mención especial a todas esas madres, tías, abuelas, hermanas… haciendo malabares para conciliar su calendario laboral, las cosas de casa, sus sueños y aspiraciones, la gestión anímica y económica de un hogar. Y ADEMÁS LLEVARNOS A ENTRENAR, SEGUIRNOS A TODOS LADOS.

Foto: Paulina P. Buforn

Cada familia es un mundo. Sois el espejo donde todas nos miramos, sabemos de vuestra fuerza para sacarlo todo adelante. Esa generosidad que tenéis convertida en calor y cariño los días difíciles para demostrarnos que podemos con lo que sea. Que está todo por hacer y no es una posibilidad pararse. Sois la piedra angular de esto.

Muy feliz por haber crecido y estar rodeada también de hombres maravillosos que no conciben que ser mujer sea o deba ser un freno, obstáculo, barrera o condicionante. Es tremendo porque pese a ser lo natural, estamos lejos de lograr que sea algo global.

Como habrá comprobado, ha sido muy sencillo para mí posicionarme en este texto, incluso censurar como líneas arriba he hecho comportamientos, señalar directamente conductas frecuentes e inadecuadas, pero… lo que realmente marcará la diferencia será mi reacción y la suya en nuestros espacios personales ante todo eso, no tolerando y reaccionando con la misma contundencia que aquí o en las redes sociales, sacándole los colores a quien haga falta y exigiendo una mayor presencia de las mujeres en todos los ámbitos. Todos podemos poner nuestro granito de arena.

El 8 de marzo es una reivindicación. Nosotras somos todos los días, también, protagonistas. Si ha llegado hasta aquí, le estoy agradecida por su tiempo pero por favor comprenda que hay algo más allá del texto que se le ofrece.

Pero qué cierto es: Guerreras.


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