GRANOLLERS CUP: LA MULTICULTURALIDAD DEL BALONMANO

Por Ariadna Cañameras

“Experiencia de vida”. Así es como definen los entrenadores que han participado en la última edición de la Granollers Cup al torneo más importante de balonmano base del sur de Europa y uno de los más prestigiosos del planeta. Más de 350 equipos, 5.000 jugadores y jugadoras, 15 países participantes, casi 300 partidos diarios, 18 pistas repartidas por toda la región… Los números son estratosféricos. Este año, por si fuera poco, el campeonato ha tenido una madrina excepcional: Nora Mørk, una de las mejores jugadoras del mundo. La campeona de Champions paseó por las calles de la ciudad al lado de Ferran Solé. Tener a una invitada de este calibre ha sido fundamental para el torneo por tres motivos: por tener a una jugadora internacional tan importante como la noruega, por el hecho de apostar por una mujer (en las 19 ediciones del torneo, solo hubo madrina en cuatro de ellas) y porque Noruega es el segundo país con más representación en el torneo, por detrás de España, con más de 60 equipos.

Foto: Xavier Solanas

La primera edición de la Granollers Cup se celebró en 1999, con apenas 20 equipos participantes en cuatro pistas de juego, una imagen que no tiene nada que ver con lo vivido la semana pasada en la ciudad vallesana. La región entera se preparó para recibir a los amantes del balonmano provenientes de todas las partes del mundo: hoteles sin una habitación libre, colegios y pabellones llenos de chicos y chicas durmiendo, servicios especiales de autobuses, restaurantes y tiendas repletos de gente… Y es que, según un informe de la Diputació de Barcelona, por cada euro invertido en la Granollers Cup la región se embolsa siete de beneficio. Este es un torneo de referencia en Europa y un gran atractivo a nivel mundial, especialmente para los países nórdicos donde el balonmano es el deporte rey. El sol, la cercanía con Barcelona y el nivel de organización son los principales motivos por los que la Granollers Cup llama tanto la atención más allá de nuestras fronteras. “Hemos estado ahorrando dinero durante tres años para venir a Granollers”, cuentan Charlotte Grimstad y Hege Veland, madres de jugadoras del Lindas noruego. “Queríamos hacer algo especial con las chicas, como una motivación para ellas”, y qué mejor que hacerlo en España.

Foto: Xavier Solanas

“A nivel personal, este torneo es una gran experiencia”, apunta Amparo Becerra, entrenadora del Balonmano Sanse. “Es la primera vez que salen, conviven, duermen en condiciones que no son las habituales para ellos, comen comida que no cocinan sus familias, empiezan a hablar inglés… Eso enriquece a los chicos y les hace crecer”, añade. Y es esa multiculturalidad la que propicia que el torneo sea tan interesante, el ver “cómo el juego básico se ha desarrollado en otros países de muchas maneras diferentes”, señala Anu Ampiala, entrenadora del Damm Handball de Finlandia. Por ello, las amistades que surgen durante la competición siempre son especiales, al ser tan distintas, “lo mejor del torneo”, según Santiago Palacio, jugador de los Corazonistas de Medellín de Colombia.

El objetivo principal es divertirse, crecer y aprender. La victoria queda relegada, en la mayoría de los casos, a un segundo lugar. Este no fue el caso de la selección juvenil de Corea del Sur, para quienes la Granollers Cup es un campo de entrenamiento donde encuentran a buenos oponentes y “podemos mejorar nuestro nivel”, confirma Jang In Ik, el entrenador. De nuevo, maneras distintas de ver, entender y practicar el balonmano. También es un campeonato importante a nivel arbitral. No solo hay árbitros de la RFEBM y la FCH que se examinan para ascender de categoría sino que también hay parejas internacionales, ente año provenientes de Portugal, Rusia, Noruega y Suecia. “Las diferencias culturales son fascinantes… Es lo que más nos llama la atención de la Cup”, dicen Enelle Gothlin y Matilda Gronqvist, árbitras suecas.

Foto: Xavier Solanas

Pero este torneo no sería posible sin una organización a la altura de lo requerido. El líder es Pep Blanchart, junto a Jordi Boixaderas, y escoltada por un gran número de voluntarios (más de 200 en 2017). El desarrollo del torneo sigue siendo ejemplar y mejora año tras año. “Sin los voluntarios no existiría la Cup”, afirma Joan Estapé (jefe de voluntarios del torneo). Desde las mesas y marcadores hasta los que preparan el comedor u organizan la ceremonia de inauguración que pone el vello de punta; los que colaboran desinteresadamente en el torneo se dejan la piel para que el campeonato funcione con las menores incidencias posibles. “Lo que hacemos nosotras es pedirnos fiesta en el trabajo para poder venir”, explican Xènia Garín y Pepi Salcedo, voluntarias del torneo. Internacionalidad, igualdad, diversión, amistades y mucho balonmano. Larga vida a la Granollers Cup.

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